martes, 19 de enero de 2010

HAITI

Deseo que a Arismia Dania y Archelus Louben les haya sonreído la vida, aunque sea por una vez

Cualquier cosa que hablemos de Haití en estos momentos sobra, todo lo decible esta dicho. Ahora solo hace falta actuar para sacar a esas gentes y ese pueblo de su situación, para que la ayuda humanitaria llegue a cada rincón, para que la comida sacie el hambre de las gentes, para que las medicinas y los médicos alcancen a ayudar a los heridos, para que se levanten hospitales o campamentos donde la gente pueda tener refugio, para ir recuperando las infraestructuras mínimas que hagan posible la recuperación de la vida. Que se haga con militares o con civiles, con americanos o franceses, me parece que carece de importancia. Es un debate de ricos, de aquellos que no están sufriendo la crudeza de esa catástrofe. Lo importante es que se haga y cuanto antes mejor aunque, como ocurre siempre, estos temas dejen al descubierto la triste debilidad de los organismos de coordinación de la ayuda internacional.

Ojala Haití sea la última gran decepción, la última farsa con que los países ricos y poderosos tratamos la pobreza ajena. La catástrofe del terremoto de Haití es otra catástrofe más de las que estas gentes llevan sufriendo durante décadas sin que el mundo civilizado hayamos sido capaces de reconducir su extrema pobreza. La mala gestión del territorio, la corrupción de sus políticos, la incompetencia de sus estructuras de Estado, los intereses de poderes sin escrúpulos y especialmente, la falta de capacidad de los organismos de cooperación internacional siguen haciendo de los países pobres del planeta una asignatura absolutamente pendiente.

Los países ricos, los que defendemos valores humanos, no nos podemos conformar con asistir a ofrecer nuestra ayuda cuando se producen las grandes catástrofes, visibles a la opinión pública, para salvar nuestra conciencia o creer suficiente nuestra aportación con la existencia de ONGs, privadas o religiosas, que se desvelan con escasos recursos y enormes sacrificios, por dar un poco de luz a los muchos territorios de nuestro planeta que están en precarias condiciones de pobreza.

Tampoco es suficiente, como se viene demostrando, con aportaciones inconexas de aquí y de allá, de este o aquel país. Es obligatorio un compromiso conjunto de los países ricos, dotar a organizaciones supranacionales, como la ONU junto a los observadores que se consideren necesarios, de las suficientes capacidades para acometer las acciones económicas, sociales, culturales e incluso políticas, que permitan sacar a los países mas pobres de sus condiciones de hambre y miseria.

No podemos seguir asumiendo que la miseria es una necesidad inevitable en nuestro planeta. Ojala Haití sea la última gran decepción, el último fracaso.

miércoles, 13 de enero de 2010

SABIAS QUE...[2]

Vamos con la segunda entrega de este apartado que recoge cosas de nuestra Castilla, curiosidades que uno sabe o de las que se va enterando y que es bueno compartir. Otra cosa no será pero historias, Castilla tiene para escribir libros que completen una biblioteca, cientos de años de historia ya escrita. Una historia por unos ninguneada, por otros conocida en lo básico que enseñan los libros de texto y ya por muchos olvidada. Una historia que en otros países sería motivo de grandes películas, de leyendas, de entrañables libros de aventura, de centenarias tradiciones, de importantes tiradas de “merchandising”, del pilar con el que seguir construyendo, de orgullo que aquí se convierte en amarga y triste indiferencia.

Y ya sabéis, si conocéis curiosidades, historias o costumbres y queréis que las ponga en este apartado, enviarlas a la dirección de correo: sabiasque_castilla@hotmail.com.

Vamos a conocer algo más de nosotros:

 La ciudad de Rodas, aparte de ser famosa por el mítico Coloso, fue una importante ciudad medieval de enorme valor estratégico en la época de las cruzadas. Era controlada por los caballeros de la Orden de San Juan, que la conquistaron a los griegos desde 1307 hasta 1523 y tomaron el nombre de Caballeros de Rodas. La ciudad era conocida como la ciudad de los caballeros.

Su cercanía a las costas de Turquía, hacía que fuese un lugar de aprovisionamiento para las tropas cruzadas desde donde caballeros, barcos y armas salían a tierras musulmanas.

La defensa de Rodas estaba asignada a siete naciones, cada una de las cuales tenía establecida una parte de la muralla que rodea la ciudad.

Estas naciones eran: Inglaterra, Navarra, Portugal, Alemania, Francia-Auvergne, Provenza y CASTILLA-ARAGÓN.

Por toda la ciudad se pueden apreciar los escudos de armas de las siete naciones que defendían Rodas. En la Calle de los caballeros, se encuentran las posadas o hostales de los caballeros de cada nación. La posada de la lengua española aglutina a Navarra y Castilla-Aragón.

En la plaza Ippokratous, se encuentra el edificio de la Castellanía que era la antigua cámara de comercio.

 Los Jueces de Castilla, eran dos magistrados, uno civil y otro militar, elegidos entre los nobles de Castilla y a los que se les denomino Jueces para recordarles que tenían por misión hacer justicia.

Su figura legendaria surge en la época del Condado de Castilla para dotar a los castellanos de instituciones propias que permitiesen resolver sus litigios sin necesidad de acudir a un cuerpo de leyes visigodas denominadas Liber Ludiciorum por la que se regía la corte de León. Esta negativa se producía principalmente por la lejanía de la corte al territorio castellano y por lo complejo del texto para resolver de forma pronta los pleitos y querellas.

Los dos primeros jueces castellanos fueron Nuño Rasura (Juez Civil) y Laín Calvo (Juez militar) y su nombramiento tuvo lugar en el año 842. Según la tradición, Nuño Rasura era antepasado directo del Conde Fernán González y Laín Calvo del Cid Campeador y el estrado de estos jueces se encontraba en la localidad burgalesa de Bisjueces.

Los Jueces de Castilla ejercieron su oficio basándose en el sistema denominado juicios o fuero del albedrío pues sus sentencias no se basaban en textos legales sino en los usos y costumbres de Castilla. Estas sentencias se denominaban fazañas y creaban jurisprudencia actuando como fuente de derecho en Castilla y posteriormente en el ordenamiento jurídico Español.

Con Fernán González se designaron Alcaldes en los diferentes Alfoces o comarcas para que juzgasen en Castilla según este sistema de albedrío.

viernes, 8 de enero de 2010

LO DICE EL ESTATUTO: MADRID ES PARTE DEL PUEBLO CASTELLANO


Pues sí, Madrid es parte del pueblo castellano, y no es que lo diga yo, es que lo dice el propio Estatuto de Autonomía de Madrid.

La Ley 2/1983, de 23 de diciembre, de la Bandera, Escudo e Himno de la Comunidad de Madrid en su EXPOSICIÓN DE MOTIVOS dice:

La bandera de la Comunidad es roja carmesí. Madrid indica con ello que es un pueblo castellano y que castellana ha sido su historia, aunque evidentemente el desarrollo económico y de población haya sido diverso. La Comunidad de Madrid, formada en muchos casos por pueblos y municipios que pertenecieron a Comunidades Castellanas limítrofes, expresa así uno de sus rasgos esenciales. La previsión contenida en el artículo 32.3 del Estatuto de Autonomía no era más que un reflejo de aquéllos. La Ley incorpora este símbolo.

Las siete estrellas, procedentes del escudo de la villa de Madrid, se hacen también susceptibles de verse extendidas al resto de la Comunidad Autónoma, de atender sobre todo a las dos leyendas que les dan origen.

Los castillos de oro sobre gules del escudo escogen, recogen también, el más característico símbolo castellano. Las dos comunidades limítrofes los lucen como emblemas. El hecho de estar pareados simboliza la pretensión de la Comunidad de Madrid de ser lazo entre las dos Castillas, fundiendo el símbolo fundamental de una y otra, al tiempo que viene a proyectar su propia complexión extensiva hasta los límites precisos de las cinco provincias que la abrazan: Toledo, Guadalajara y Cuenca, pertenecientes a Castilla-La Mancha; Segovia y Ávila, integrantes de Castilla-León.

Los símbolos de la Comunidad de Madrid, su bandera y su escudo, representan la vinculación inequívoca de Madrid con Castilla reconocida en el propio Estatuto de Autonomía. No se trata por lo tanto de hechos pasados, como alegan algunos, sino de realidades de hoy, y aquellos que reniegan de esa realidad, más allá del desconocimiento que demuestran, están renegando de Madrid y de sus actuales instituciones, de las que muchos forman parte, por cierto.

Y quiero llamar la atención sobre lo recogido en la explicación del escudo, “..la pretensión de la Comunidad de Madrid de ser lazo entre las dos Castillas…”. Una pretensión que debería de estar presente en las actuaciones de los políticos de nuestra comunidad y de las políticas que llevan a cabo y que brilla por su ausencia.

Esa pretensión no es además, algo bucólico o sentimental sino una necesidad de futuro para Madrid y para el resto de Comunidades Autónomas castellanas.