jueves, 29 de marzo de 2012

EL DERECHO A NO CREER

Muchos estamos cansados de que nos engañen por doquier, de que tanto unos como otros solo vean la solución en meter mano a los que se dedican con su trabajo a intentar sacar su vida adelante y colaborar, en su medida, a que este país siga palpitando; de que tanto unos como otros se dediquen a colocar a sus amigotes y a poner el cazo para pillar del dinero público lo que sea menester; de que hasta los que defienden a los trabajadores hayan asistido con preocupante parsimonia a que la herida del paro alcance a mas del 20% de la población y que no se hayan movilizado con contundencia exigiendo a los políticos de turno (sean del color que sean) los cambios de modelo productivo que prometieron y que ni han empezado (la reforma laboral no es un cambio de modelo productivo, es un cambio de modelo de relación laboral). Por todo esto, algunos apelamos a nuestro apartado de independencia, de individualidad, al derecho de no creer en ellos hasta que no vuelvan a ganar nuestra confianza con hechos, de no sumarnos a lo que planteen sin que por ello tengan la desfachatez de catalogarnos de aquí o de allá. De que ellos desde hoy, tengan que demostrarnos aquello de lo que presumen y de lo que tanto se han esforzado en demostrar que carecen.